Creemos
día a día la construcción que nos hacen, la
realidad que nos transmiten; se construye, se le da forma y nos la entregan.
Cada día salimos a la calle
con nuestro traje de hombre o de mujer, asumimos nuestro papel y le sumamos ser hijo de y que nacimos en, jugamos en la sociedad a ser abogados o estudiantes,
jefes o empleados, artistas o ladrones; y luego las otras caras más oscuras. Sin
embargo nada de eso es lo que prima, pero estas determinaciones tienen tanto
peso, que nos atrapan, hasta hacernos perder el
vínculo con lo importante.
Día tras día caminamos por
esta ciudad, sin ver, sin reparar en lo que nos rodea y nos permite el don de
la vida. Perdemos de vista que somos una manifestación del movimiento cósmico,
en el que el hombre solo es parte, no mas importante que un pájaro o un insecto
al que aplastamos con la palma de la mano.
Vivimos
atormentados por el tiempo, como algo que se tiene o no se tiene, lo dividimos,
lo acomodamos, lo llenamos. Planificamos el
futuro, en abstracto. Es posible que no
queramos ver, que somos efímeros, seres de un día.
