
Documental de 22 minutos sobre los mataderos de París. Contrastando las pacíficas escenas de los suburbios parisinos con la matanza de caballos, ovejas y terneros, se muestra la crueldad y el sacrificio de inocentes en los que se sustenta la civilización humana. Una vez el caballo es aturdido por una pistola aturdidora de bala cautiva, es sangrado y descuartizado. El filme es narrado sin lenguaje emotivo. Su director, Georges Franju, es famoso por ser confundador de la cinemateca francesa y por dirigir la película de terror Los ojos sin rostro (Les Yeux sans visage. 1960). En 1965 Franju fue utilizado, sin saberlo, por los servicios secretos de Marruecos para tender una trampa al opositor Mehdi Ben Barka: un falso productor, Georges Figon, le propuso realizar un documental sobre la descolonización con el asesoramiento de Ben Barka. El líder marroquí fue secuestrado y desaparecido cuando acudía a una cita con Franju y Figon en una cervecería de París. En seguida el autor de la película nos introduce en un contexto surrealista mostrando un París que no es idílico, en donde muestra objetos que pertenecen al interior de las casas, se ven en un exterior, como una especie de basurero. Objetos que se combinan extrañamente y que también son rastros que recuerdan a la guerra. Luego entramos a un matadero de las afueras de París, donde los trabajadores hacen lo suyo, lo que se muestra como un trabajo peligroso, pero un trabajo más: matar animales para el consumo humano. Nos presenta una estructura en donde vemos por como se mata a cada animal. Siempre hay un acercamiento al animal antes de que lo maten. En este sentido, es una película que provoca mucho al espectador, tiene un humor muy negro y una crueldad surrealista.
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